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11 May 2020

La importancia del espacio doméstico en tiempos de COVID-19

La importancia del espacio doméstico en tiempos de COVID-19,Casa en Vila Matilde / Terra e Tuma Arquitetos Associados. Image © Pedro Kok

La obligatoriedad de quedarnos en nuestras casas -dictada por los gobiernos en relación a la pandemia del COVID-19– y en algunos casos, el miedo a salir a la calle, han generado que, en los últimos tiempos, el espacio doméstico se haya puesto en valor y se haya transformado en el escenario de las acciones/reacciones más evidentes y características del ser humano en el contexto de un sistema capitalista y machista.

Por un lado, como consecuencia directa, las problemáticas de orden social se han agudizado.

-tales como la violencia de género, la falta y/o mala comunicación entre pares, las relaciones de abuso de poder, el maltrato verbal, la sensación de impotencia confrontando a nuestras angustias, miedos y ansiedades, etcétera-.

Por otro lado, hemos comenzado a desarrollar la capacidad de encontrarnos con nosotros mismos y con los demás.

El confinamiento obligatorio nos ha empujado hacía la ejercitación de manualidades, los arreglos de la vivienda, la práctica de conversaciones amenas y enriquecedoras con los otros, el contacto cercano y empático con los niños y adolescentes, y las tantas actividades que, por puro aburrimiento, brotan del imaginario de cada uno.

La importancia del espacio doméstico en tiempos de COVID-19,‘Ciudad Dormitorio’ en Lima: Módulo habitable productivo para asentamientos informales. . Image Cortesía de Natura Futura Arquitectura

Con todo este panorama social y político, queda en evidencia que la arquitectura doméstica no está preparada para articularse a un ser humano o a una familia con múltiples actividades y en constante cambio y tránsito de acciones, sentimientos y pensamientos. Si bien este es un problema de la arquitectura en general, en estos tiempos, han quedado expuestas.

Con la nueva realidad impuesta debemos ser conscientes de la importancia del espacio de la vivienda en sus múltiples tipologías.

Esta puede ser una oportunidad para superar las relaciones destructivas que creamos con nosotros mismos y con las demás especies. Podemos revertir nuestro pensar/accionar antropocéntrico y participar de un mundo interconectado con la naturaleza.

La importancia del espacio doméstico en tiempos de COVID-19,The Red Roof. Image Cortesía de TAA DESIGN

¿Y porque es urgente e imperativo pensar el espacio de la vivienda, el espacio doméstico?

Porque visiblemente, la arquitectura doméstica ya no es el centro del pensamiento y de la necesidad materializada del ser humano. Lamentablemente, terminó de serlo desde hace más de un siglo. La arquitectura doméstica dejó de tener en cuenta temas tan importantes como la intimidad de cada miembro familiar; de pensar y sentir el espacio como momento de encuentro y de actividades ociosas, pero también de trabajo; pensar y sentir el espacio de la muerte y del duelo; dejó de pensar y sentir el espacio de los ritos religiosos y/o espirituales; dejó de pensar y sentir el espacio para la sanación.

La arquitectura doméstica necesita herramientas accesibles a poca gente, porqué son condenadas por la arquitectura oficial. El espacio de la vivienda debe ser un volumen nutritivo a nuestra psicología.

Es lo más ajeno a los espacios estériles y estrechos de los pasillos, a los techos bajos planos y opresivos, a las ventanas colocadas en una geometría gratuita que ignora el camino del sol. El “estilo universal” no se adapta a la vida humana. No se trata de uno o dos errores en el diseño, sino que todo está equivocado.

Todos los factores de la percepción humana y los movimientos del cuerpo han sido substituidos por ideas deshumanizadas de formalismo estético y de una imagen de la utopía opresiva y sectaria. Lo peor es que, después de décadas fallidas, la profesión insiste en continuar con estos mismos experimentos contra la naturaleza. Los que sufren en su mayoría son los niños, víctimas de una ideología del diseño mentalmente insalubre.

Esto se debió a que los últimos grandes movimientos arquitectónicos del siglo XX fueron conducidos por una mentalidad mecanicista.

Esas maquinas fueron diseñadas para un cuerpo sin alma y sin autonomía de pensar y sentir. Modelos globales de vivienda distanciaron al ser humano de sus propios espacios, así como de otras especies del mundo.

Paraísos Siniestros: vivienda de interés social en México por Jorge Taboada

La frialdad de la vivienda contemporánea transciende su espacio interior para espacios de la calle adonde es imposible encontrar una sombra que nos permita llorar en intimidad o una penumbra para enamorarse entre caricias. Pasaron a ser espacios de control social vigilados por el poder oficial.

La arquitectura doméstica es víctima de un macro negocio inmobiliario. Dedicado a realizar viviendas iguales para cualquier ser humano sin importar el lugar y el clima. Adoptar la vivienda de estándares mínimos que provienen de la Alemania de los años 20 (en un contexto de pós-guerra) reduce los espacios a una cárcel — aunque aumenta en maniera increíble el beneficio del constructor. Esta acción está vinculada a una lógica mercantilista de la vivienda, donde la especulación inmobiliaria, impone códigos de habitar/rentabilidad económica sin importar la individualidad del ser humano.

La vivienda dejó de estar asociada a la necesidad de las personas, para pasar a ser un objeto de economía. Dejó de tener pertenencia emocional para cada familia, para actuar como contenedor de acciones obligatorias como cocinar, comer, dormir.

La importancia del espacio doméstico en tiempos de COVID-19,© Solène Veysseyre

Este proceso condujo a la construcción de viviendas en gran escala y con un impacto ambiental desmedido. Muchas de las viviendas construidas no son habitadas y cuando lo son, sirven como incubadoras de enfermedades.

La arquitectura doméstica debe volver a ser el resultado y la protagonista de prácticas de auto-construcción asesorada. Esto es de extrema importancia para asegurar un cambio en los modos de sentir, pensar y hacer del ser humano. El espacio doméstico tiene que ser la prolongación de nuestro cuerpo biológico y asegurar una vida en bien-estar. La vivienda es nuestro caparazón, nuestra “segunda piel”, pero también nuestra alma y conexión con la ancestralidad del ser humano.

Partiendo del principio de que los espacios generados por determinadas formas condicionan los sistemas conductuales y connotativos del ser humano, podemos formular la pregunta:

¿Habrá espacios para el “cobijo” del ser humano que sean más acordes a su biología?

Y si esto es afirmativo

¿Cómo es posible establecer parámetros de análisis, científicos y/o intuitivos para saber el grado de impacto de determinadas formas y espacios en el ser humano?

La importancia del espacio doméstico en tiempos de COVID-19,© F. Mendes

Lo que la arquitectura del régimen no saben, es que las respuestas a estas preguntas están en nuestras manos.

Las respuestas intentan trazar rasgos generales que estén más allá de cada persona, familia o cultura. Formas y espacios que son arquetipos de la humanidad y funcionan como un imaginario colectivo y universal pueden ser planteados, buscando luego, acercarse a lo local, natural y especifico que aporta “pertenencia emocional”.

Las herramientas que podemos aplicar inmediatamente, al menos cuando la pandemia nos permita, son la “biofilía”, lo patrones de Christopher Alexander, la neuro-arquitectura, los principios de la Arquitectura Biológica (entorno, forma, materia y ser humano) y las reglas de la estructura compleja coherente. Cada disciplina del diseño relacionadas entre sí tiene textos y ejemplos construidos, y es una gran vergüenza ignorarlas.

El espacio es, ante todo, una idea. Son pensamientos, sentimientos y emociones. Emociones que afectan nuestro sistema neuronal, nuestro cuerpo y nuestra alma. Los espacios son creados en base a un imaginario proveniente de los tiempos en que empezamos a habitar las cavernas. O vayamos más lejos e intentemos rememorar nuestro primer hogar, ese orgánico útero materno, adonde todos nos cobijamos.

Arriesgaríamos a decir que, para la mayoría de los seres humanos, en esta época del COVID-19, la vivienda no es un espacio de expansión y confort individual y familiar, sino más bien de encarcelamiento y obstaculización de nuestros pensamientos y emociones. La lástima es que no debe ni necesita ser así. Podemos habitar espacios domésticos nutritivos con los mismos gastos de recursos edilicios. Lo que muchas veces nos dicen los academicismos acerca de la funcionalidad y la eficiencia del espacio son puras mentiras para apoyar es sistema global extractivo y sus lazos con la corrupción política. Poner en evidencia las estructuras, relaciones y desarrollos del espacio doméstico es buscar la identidad de la arquitectura doméstica.

La importancia del espacio doméstico en tiempos de COVID-19,© Marco Aresta

Creemos que…
Debemos pues encarar al ser humano y la familia no desde una perspectiva heterosexual, binaria, machista y centralizada, con una arquitectura basada en las decisiones del poder inmobiliario, sino que debemos tener en cuenta las miradas múltiples y enriquecedoras para que la vivienda sea el producto de un pensar y sentir contemporáneo, consciente e individual del ser humano, adaptado al lugar y al clima particular de cada región. No hay que inventar una nueva arquitectura, sino formar nuevos proyectistas que tomen al ser humano como protagonistas del espacio. Hay que re-utilizar soluciones exitosas del pasado, ignorando los propagandistas que las condenaron para auto-promoverse. Hay que escapar de la hegemonía cultural que redujo nuestros hogares a una experiencia deshumanizada.

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